La economía colaborativa es un fenómeno cada vez más consolidado, plataformas como Airbnb o Uber han ganado más y más importancia en los últimos años con sus modelos de negocio.

Según el informe de la Price Waterhouse Cooper, el valor de la industria de la economía colaborativa podría llegar a mover 335.000 millones de dólares a nivel global en 2025, compartiendo el 50% del mercado con el modelo tradicional.

Sin embargo, ante la ausencia o heterogeneidad de regulaciones «preocupa la protección y seguridad tanto de los consumidores como de los datos que los usuarios ceden a estas plataformas, preocupan también los derechos laborales de las personas que proveen estos servicios, alarman sus estrategias de elusión de impuestos  e inquieta el impacto de la actividad impulsada por las plataformas en el equilibrio territorial y el medio ambiente» indica el Doctor en Ciencias Económicas Josep Lladós, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

La irrupción de estas plataformas ha tenido un impacto positivo y negativo al mismo tiempo en la organización de la economía y el trabajo. Han hecho tambalear actividades tradicionales como la hotelería o el transporte, pero a la vez pueden representar una oportunidad para la recuperación económica en un mundo pos COVID-19, pues acaban ejerciendo una enorme influencia en las opiniones y actitudes que se forman muchos otros consumidores y en sus decisiones en la adquisición de un producto/servicio.

«Es lo que sucedió con la expulsión por la fuerza de un pasajero de un vuelo de United Airlines para que un empleado ocupara su asiento; a lo que se sumó la insensibilidad de la compañía aérea al gestionar en Twitter las primeras noticias y comentarios sobre el incidente.

Con ello se provocó el rechazo de miles de consumidores en todo el mundo y, de paso, la cobertura del incidente y su mala gestión por la prensa internacional» explica Inma Rodríguez-Ardura, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.

Este eWOM adverso o negativo, es un mecanismo de comunicación de boca en boca por el que los consumidores expresan y difunden emociones desfavorables, experiencias desafortunadas y críticas sobre las marcas, para lo que se sirven de los medios digitales y sus redes sociales personales.

Nuevas relaciones laborales, nuevos empleos

En los próximos años veremos cómo las empresas utilizan cada vez más plataformas de empleo para acceder al talento que necesitan según la demanda, según Albert Cañigueral, fundador y principal editor de ConsumoColaborativo.com y conector de OuiShare, esto puede dar lugar a la creación de empleos menos estructurados, mucho más flexibles y que pueden ayudar la inclusión laboral de personas que están fuera del mercado laboral.

Pues con la irrupción de estos nuevos modelos de trabajo a demanda, enmarcados en conceptos como gig economy o on-demand economy están transformando el mercado laboral convencional y ponen en relieve una creciente precariedad laboral en la que se cobra por servicio.

Tal y como explica el Dr. Joan Torrent, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, estos modelos ofrecen la posibilidad de obtener ingresos o trabajos temporales. Algunos trabajadores se muestran satisfechos, sobre todo con la posibilidad de complementar sus ingresos, pero otros ponen de relieve los problemas de la involuntariedad o la baja calidad de este nuevo tipo de trabajo.

Nuevos retos para el turismo y la economía colaborativa

El comportamiento del consumidor y las conductas de consumo se han ido moldeando, emergiendo nuevas formas de viajar y alojarse. Ahora bien, la transformación del sector turístico es consecuencia de la economía colaborativa y la crisis generada por la pandemia. Sin embargo, la preocupación creciente respecto al impacto de las plataformas colaborativas en este sector ha dado pie a la creación de modelos sociopolíticos alternativos de turismo que pueden ofrecer una respuesta más eficaz al desarrollo sostenible. «En este espacio ideológico es en donde la economía colaborativa ha ganado fuerza en el campo del turismo. Así hemos visto que, las actividades de la economía colaborativa relacionadas con el turismo han crecido mucho, tanto en escala como en alcance. Y esto ha sido alimentado por una serie de factores sociales, económicos y tecnológicos, tales como: la sustitución de la propiedad para el acceso temporal a los bienes; el uso de transacciones mediadas por la tecnología entre productores y consumidores; más relaciones directas entre huésped y anfitrión, etcétera» indica Julie Wilson, profesora e investigadora del grupo NouTur de la UOC.

Ahora bien, los impactos derivados de este gran cambio disruptivo se hacen sentir sobre todo en el ámbito local; barrios en los que estos cambios tienden a crear tensiones en el tejido social y tienen efectos multiplicadores cuestionables en la vida cotidiana de la comunidad y en el sector comercial.