A todos nos han invitado a una tanda. Que si la de la oficina, la de la familia o la del vecino. Y sí, es emocionante cuando te toca «el primer número», pero como experto en educación financiera, hoy te voy a decir la verdad sin anestesia.
La Tanda: El ahorro del «ojalá»
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El riesgo: Si alguien no paga, tú pierdes. No hay contrato, solo confianza (y a veces la confianza sale cara).
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La pérdida invisible: Tu dinero se queda quieto. Con la inflación de hoy, ese dinero que recibes al final de la tanda compra menos que cuando empezaste.
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La disciplina forzosa: Sirve para los que dicen «si no me lo quitan, me lo gasto», pero es un hábito con pies de barro.
El Ahorro Formal: El dinero trabajando para ti
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Seguridad: Tu dinero está en instituciones reguladas. Nadie se va a ir con tu «número» a la playa.
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Rendimiento: Al menos en una cuenta básica o Cetes, tu dinero crece. No solo guardas, ¡ganas!
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Historial: Ahorrar formalmente te abre puertas a créditos, seguros y mejores instrumentos financieros.
Mi consejo: La tanda es un compromiso social, pero el ahorro formal es un compromiso contigo y con tu futuro. Deja de jugar a la suerte con tu dinero y empieza a construir un patrimonio de verdad.
¿Tú todavía eres de los que prefiere la tanda o ya diste el salto al ahorro formal?