Hay una frase que escuchamos en cada esquina y que parece el canto de las sirenas: «Llevátelo hoy y paga solo pesitos a la semana». Suena tentador, suena fácil, suena a que «ni se siente». Pero en el mundo de las finanzas personales, lo que no se siente hoy, se padece mañana.
Esa es la famosa trampa de los pagos chiquitos: un modelo diseñado para que no veas el precio real de las cosas, sino solo el espacio que ocupan en tu cartera cada lunes.
El truco de la «anestesia financiera»
El problema de los abonos semanales o quincenales no es el pago en sí, sino el tiempo y el interés. Cuando fragmentas un pago en pedacitos tan pequeños, tu cerebro pierde la noción del valor total.
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La realidad: Esa televisión que cuesta $8,000 de contado, termina costando $18,000 al final de los dos años de abonos.
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El costo: Estás pagando dos televisiones y media, pero solo disfrutas una. El resto del dinero se fue en intereses que podrías haber usado para ahorrar, invertir o, de plano, comprarte otra cosa.
Por qué los «pagos chiquitos» arruinan tu cartera:
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Matan tu capacidad de maniobra: $150 a la semana parecen nada. Pero junta cinco «paguitos» de diferentes cosas y de pronto tienes $750 comprometidos cada semana. Eso ya es una renta, una buena despensa o el pago de un seguro. Te quedas sin aire para reaccionar ante una emergencia.
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El objeto se acaba antes que la deuda: Es la tragedia clásica: el celular se rompe, la licuadora se quema o los tenis se gastan, ¡y tú sigues pagando el abono! No hay nada más frustrante financieramente que pagar por algo que ya no sirve.
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La falsa sensación de poder: Te hacen creer que «puedes comprarlo todo», cuando en realidad solo te están permitiendo «alquilar» una vida que aún no puedes pagar de contado.
¿Cómo salir de la trampa?
La mejor forma de ganarle al sistema es con paciencia. Si puedes pagar $200 a la semana por algo que no tienes, puedes ahorrar esos mismos $200 durante unas semanas y comprarlo de contado.
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El beneficio: Te sale más barato.
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La libertad: El objeto es tuyo desde el minuto uno.
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La paz: Si te quedas sin trabajo o tienes un gasto imprevisto, no tienes a un cobrador tocando a tu puerta por un abono de hace dos años.
No te dejes engañar por la «comodidad» del abono. Si el pago es chiquito, el interés suele ser gigante. Compra con la cabeza, no con la urgencia. Si no te alcanza para comprarlo de contado, probablemente es porque todavía no es el momento de tenerlo.
¡Aprende a esperar y verás cómo tu dinero empieza a rendir de verdad