¡Válgame Dios!… de veras que en las oficinas de este país son bien dadivosos con el dinero ajeno. Que si el cumple del contador, que si el baby shower de la de recepción, que si la colecta porque al jefe se le murió el canario… ¡Ya, párale!
Si te descuidas, para la quincena ya dejaste la mitad del sueldo en pasteles que ni te gustan y en regalos para gente con la que apenas cruzas palabra en el elevador. Eso no es ser buen compañero, eso es tener una fuga de capital marca diablo.
1. El miedo al «qué dirán»
Muchos sueltan la lana por pura pena. «Ay, Gianco, es que si no coopero van a decir que soy un codo». ¡Ah, caray! ¿Y desde cuándo la opinión del de sistemas paga tu renta? El problema es que priorizamos quedar bien con el de enfrente antes que quedar bien con nuestro propio presupuesto. Si el que se queda sin dinero para el camión eres tú, no ellos.
2. La trampa de los «gastos hormiga de oficina»
Esos 20, 50 o 100 pesitos que das para la vaquita parecen poco, pero haz la cuenta: si hay 20 personas en tu área y a todos les celebras, ya se te fue una lana que bien podrías haber metido a tu fondo de emergencia o a tu PPR. Es una «cooperacha» que se vuelve un barril sin fondo.
3. Aprende a decir: «No está en mi presupuesto»
Decir que no no te hace mala persona, te hace una persona con metas. No tienes que dar explicaciones de tu vida privada. Un simple: «Muchas gracias por invitarme, pero este mes ya tengo mis gastos asignados y no puedo participar» es más que suficiente.
Si de plano te sientes muy mal, pues lleva una paleta de 2 pesos o simplemente dales un abrazo, ¡el cariño no tiene que venir con ticket de compra!
¡Ya estuvo bueno!
La próxima vez que pasen con el sobrecito o el pastel, respira profundo y acuérdate de tus metas. Tu cartera no es una ONG para andar financiando los antojos de toda la oficina.
Pónganse firmes, que el dinero cuesta mucho ganarlo como para andarlo regalando por compromiso social. De veras, de veritas… aprendan a poner límites o van a terminar pidiendo prestado para el café.
Y como siempre les digo: «No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar».