¿Cuántas veces has terminado pagando una cena que no te tocaba, aceptando un «regalito» a meses sin intereses que no necesitabas, o prestándole dinero al primo que todavía te debe lo de la Navidad pasada?
Si tu respuesta fue «muchas», déjame decirte algo que te va a cimbrar: Tu falta de carácter te está costando tu libertad financiera. Así de claro y así de rudo.
El miedo al «qué dirán» te está dejando en la calle
Muchos de los problemas de lana en este país no son porque la gente gane poco (aunque a veces ayuda), sino porque nos da pavor que piensen que «no nos alcanza». Preferimos tarjetear una salida de $2,000 con los amigos para «no vernos codos», que decir con la frente en alto: «No, gracias, no está en mi presupuesto este mes».
¿Desde cuándo el éxito se mide por cuánto gastas en aparentar y no por cuánto tienes en tu cuenta de inversión? Decir que no a un gasto que no puedes costear no es ser pobre, es ser inteligente. Pobre es el que llega al día 15 de la quincena pidiendo prestado porque el fin de semana se sintió millonario.
Los 3 «NO» que tienes que aprender a decir ¡YA!
-
No a los «vampiros» emocionales: Si ese amigo o pariente siempre te busca cuando necesita dinero, pero nunca para saludarte, aprende a decir: «Te quiero mucho, pero mi presupuesto de préstamos está cerrado». Si te dejan de hablar por eso, ¡felicidades! Te ahorraste un gasto y una mala amistad.
-
No al «oferton»: Si entras a una tienda por unos calcetines y sales con una pantalla de 60 pulgadas porque «estaba de oferta», no ahorraste $5,000; gastaste $15,000 que no tenías planeados. ¡No sea torpe! Si no lo necesitas, aunque cueste un peso, es caro.
-
No a tu propio impulso: Este es el más difícil. Es decirle «no» a ese café de $90 diario, a ese cambio de celular que todavía sirve, o a ese viaje que vas a terminar de pagar en dos años.
Saber Gastar es Saber Elegir
Cada vez que dices «NO» a un capricho o a una presión social, le estás diciendo «SÍ» a tu tranquilidad, a tu retiro y a tu fondo de emergencias.
Aprende a decir que no con una sonrisa, pero con firmeza. Al principio te van a ver raro, te van a decir codo, o hasta van a dejar de invitarte a ciertos lugares. Pero te aseguro que, en 10 años, cuando ellos sigan tronándose los dedos para pagar la renta y tú estés viviendo de tus rentas, el que va a sonreír vas a ser tú.
¡Póngase las pilas y empiece a practicar hoy mismo!