Hay gente que me dice: «Ay, Gianco, es que el seguro está carísimo, mejor me ahorro esa lana». ¡Válgame Dios! Esa es la frase más cara del mundo. Pensar que un seguro es un «gasto» es como pensar que el paracaídas es un estorbo mientras vas en el avión. ¡No la amueles! El paracaídas no te estorba, te salva la vida cuando las cosas se ponen feas.
Vivir sin seguros no es ser «optimista», es jugar a la ruleta rusa con el patrimonio que te ha costado años construir.
El costo de «el hubiera»
¿Sabes cuánto cuesta una noche de hospitalización privada? ¿Tienes idea de lo que pasa con tu familia si tú, que eres el motor de la casa, llegas a faltar o quedas incapacitado? Si tu respuesta es «pues a ver cómo le hacemos», déjame decirte que estás a un paso de la ruina financiera.
Un seguro no es un papel guardado en el cajón; es la certeza de que, si la tragedia toca a tu puerta, no vas a tener que andar pidiendo prestado, vendiendo el coche o haciendo rifas para salir del hoyo.
No esperes a que el barco se hunda para comprar el chaleco
El error de muchos es querer contratar el seguro cuando ya tienen el problema encima. ¡Así no funciona!
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El seguro de gastos médicos se contrata cuando tienes salud.
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El seguro de vida se contrata cuando tienes a quien amar.
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El seguro de auto se tiene antes del choque.
Deja de apostar tu futuro
Entiéndelo de una vez: El seguro es la única inversión que compras esperando nunca usar, pero que agradeces al cielo tener cuando la vida te da un revés. No le juegues al valiente. La valentía en las finanzas se llama prevención.
Si tienes para el celular de última generación, para la suscripción de streaming y para las salidas de fin de semana, tienes para un seguro. Es cuestión de prioridades, no de falta de dinero. No permitas que un imprevisto borre de un plumazo tus sueños y los de tu familia.
¡Asegúrate ya! No esperes a que la crisis te demuestre lo equivocado que estabas.
Saber Gastar.