Lo que depende de ti y lo que NO debes usar de excusa
A ver, mis estimados. Esta es una de las preguntas más frecuentes (y trampas) que me hacen en conferencias y redes sociales:
“Gianco, ¿de verdad se puede crecer financieramente con la economía como está en el país? ¿Valdrá la pena ahorrar e invertir o el entorno nacional nos va a aplastar a todos?”
Les voy a responder sin rodeos: Sí, sí se puede crecer. Pero para lograrlo, lo primero que tienes que hacer es dividir tu vida financiera en dos grandes cajones: lo que NO depende de ti y lo que SÍ está 100% bajo tu control.
Si te la pasas viendo las noticias y usando la macroeconomía como pretexto para no mover un dedo, lamento decirte que el problema no es el país; el problema es tu actitud financiera.
Cajón 1: Lo que NO depende de ti (y no deberías usar de muleta)
Hay variables económicas globales y nacionales que ni tú, ni yo, ni tu vecino podemos cambiar por más que nos enojemos en redes sociales:
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La inflación: Que la comida o la gasolina suban de precio no está en tus manos.
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Las tasas de interés interbancarias: Lo que decida el Banco Central sobre el costo del dinero.
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El tipo de cambio: Si el dólar sube o baja frente al peso.
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Las decisiones de los políticos y las reformas fiscales: Las leyes se aprueban te gusten o no.
¿Afectan estas cosas a tu bolsillo? ¡Por supuesto! Pero enojarte con la inflación es como enojarte porque está lloviendo. Que llueva no depende de ti; salir con paraguas o quedarte a mojarte, SÍ.
Cajón 2: Lo que SÍ depende de ti
Aquí es donde se decide si progresas o te quedas estancado. Mientras la gente pierde el tiempo culpando al entorno, las personas que crecen financieramente se enfocan en las decisiones que toman todos los días en su propia mesa:
1. Cuánto gastas y cómo gastas
El gobierno no te obliga a dar el “tarjetazo” para salir de fiesta el fin de semana, ni te exige comprar el teléfono celular de última generación a 24 meses intereses. Tus hábitos de consumo son responsabilidad 100% tuya. Si gastas más de lo que ganas, no hay economía nacional que te salve.
2. Tu capacidad de generar ingresos
¿El sueldo no alcanza porque la inflación apretó? La pregunta incómoda es: ¿qué estás haciendo para subir tu valor en el mercado? Aumentar tus habilidades, buscar mejores oportunidades, vender un servicio extra o emprender en tu tiempo libre depende enteramente de tus ganas y preparación.
3. Dónde pones tu dinero a trabajar
Si dejas tu dinero guardado en una cuenta de débito que te da el 0% de rendimiento, la inflación se lo va a comer vivo (y ahí sí será tu culpa). Buscar instrumentos regulados que te den rendimientos por arriba de la inflación —como los Cetes, pagarés bancarios o fondos de inversión— es tu deber patriótico con tu propio bolsillo.
4. Tu nivel de endeudamiento
Estar ahogado en deudas no es culpa del sistema financiero; en la mayoría de los casos es consecuencia de no tener un presupuesto y usar el crédito como si fuera una extensión de tu sueldo.
La economía nacional es el clima; tu educación financiera es tu ropa. Si hace frío afuera, no te quedas congelado quejándote del invierno: te abrigas.
Deja de esperar a que el país cambie para que a ti te vaya bien. Toma las riendas de tu cartera, elimina las deudas absurdas, pon a trabajar cada peso que te sobra y aprende a Saber Gastar y a Saber Construir tu propio futuro, sin importar el viento que sople afuera.