Si me dieran un peso por cada vez que me preguntan en conferencias, redes sociales o en la calle: “Oye Gianco, ¿en qué me conviene invertir mi dinerito?”, “¿cuál es la mejor inversión del mercado?” o “¿cuál es la opción más segura para poner mis ahorros?”… ¡Ya no tendría que invertir, sería millonario solo por responder esa duda!
Entiendo perfectamente de dónde viene la inquietud. En un país donde la inflación se come los ahorros y abundan los charlatanes prometiendo riquezas de la noche a la mañana en redes sociales, la gente busca certezas. Quieren proteger su patrimonio y no quieren perder el dinero que tanto trabajo les costó ganar.
Pero te tengo una noticia que tal vez no te va a gustar, aunque te va a ahorrar miles de pesos y muchos corajes: esa pregunta, así formulada, no tiene respuesta.
Buscar “la mejor y más segura inversión” es como ir al médico y preguntarle: “Doctor, ¿cuál es la mejor medicina que existe?”. El doctor te va a ver con cara de asombro y te va a decir: “Pues depende, ¿qué te duele? No le voy a dar un antibiótico a alguien que tiene la presión alta”.
En las finanzas personales pasa exactamente lo mismo. No existe “la mejor inversión” en términos absolutos; existe la inversión adecuada para tu perfil, tu plazo y tu meta.
Si quieres dejar de caer en la trampa de las promesas falsas, hay tres verdades financieras que te tienes que aprender de memoria:
1. La regla de oro: A mayor rendimiento, mayor riesgo
Grábate esto a fuego en la cabeza: en el mundo financiero no hay regalos.
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Si una opción te ofrece una tasa de rendimiento gigante, muy por encima de la inflación o del promedio bancario, el riesgo de perder tu capital es altísimo (o de plano es una estafa piramidal).
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Si una opción es extremadamente segura (como los instrumentos gubernamentales tipo Cetes o las cuentas de ahorro en instituciones reguladas), el rendimiento va a ser moderado, diseñado principalmente para proteger tu dinero de la inflación.
Querer ganar como en el casino pero con la seguridad de la bóveda de un banco es una fantasía. Si alguien te promete ganancias altas, riesgo cero y disponibilidad diaria… corre de ahí.
2. El factor “Plazo”: ¿Para cuándo necesitas tu dinero?
Antes de preguntar en qué invertir, tienes que responderte para cuándo quieres ese dinero. El tiempo lo cambia absolutamente todo:
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A corto plazo (para la renta del próximo mes o tu fondo de paz): Necesitas disponibilidad e instrumentos de bajo riesgo aunque paguen poco. De nada te sirve meter la renta a un fondo de renta variable en bolsa si dentro de 20 días baja el mercado y tienes que liquidar con pérdidas.
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A largo plazo (para tu retiro o la universidad de tus hijos en 15 años): Puedes darte el lujo de asumir más volatilidad (riesgo) en renta variable, bienes raíces o fondos indexados, porque el tiempo se encarga de suavizar las caídas y potenciar el interés compuesto.
3. Tu “perfil de tolerancia al pánico”
No todos los estómagos están hechos para el mismo tipo de inversión.
Si vas a meter tu dinero a un instrumento que da excelente rendimiento histórico pero no vas a poder dormir en las noches pensando que tu saldo oscila todos los días, esa no es una buena inversión para ti. La tranquilidad financiera es parte del rendimiento. La mejor inversión es aquella que te permite ver crecer tu patrimonio mientras duermes en paz.
Las tres preguntas que debes hacerte ANTES de buscar un instrumento:
Para que la próxima vez no me preguntes cuál es la mejor opción, hazte este examen express:
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¿Para qué quiero este dinero? (Pónle nombre y apellido a la meta).
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¿Cuándo lo voy a necesitar? (Días, meses, años o décadas).
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¿Cuánto estoy dispuesto a ver fluctuar mi capital sin que me dé un infarto?
Cuando tengas esas tres respuestas, el instrumento financiero adecuado se elige prácticamente solo: un Plan Personal de Retiro para tu vejez, Cetes o Sofipos para tu fondo de paz, fondos indexados para el mediano plazo, o tu propio negocio si quieres operar el riesgo tú mismo.
Dejemos de buscar el “hilo negro” o la receta mágica. Diversifica, invierte siempre en instituciones reguladas por la autoridad financiera de tu país y entiende que la verdadera magia del dinero no está en encontrar un atajo milagroso, sino en la constancia, el tiempo y la paciencia.
¡Alinea tus metas, cuida tu patrimonio y ya sabes… Saber Gastar!