Menudo dilema se traen hoy en día en las redes sociales. Que si los Millennials somos la generación de cristal, que si los Centennials (la famosa Generación Z) ya no quieren trabajar… pura palabrería. Lo que aquí nos interesa es la cartera, porque al final del día, los dos están metidos en un berenjenal financiero que para qué les cuento.
Pero surge la pregunta del millón: ¿Quién la tiene más difícil para llegar a fin de mes? Vayamos por partes, como dijera Jack el Destripador.
Los Millennials: La generación del «ya merito»
A los Millennials les vendieron el cuento de que estudiando una carrera y una maestría tenían la vida resuelta. ¡Eureka!… ¡encontré la solución!… Pues no. Les tocó bailar con la crisis del 2008, sueldos que parecen propinas y, lo más triste, son la generación que vio morir las pensiones.
Hoy, el Millennial promedio vive con el estrés de que si se queda sin chamba, no tiene ni para los aguacates para el «toast«. Su gran enemigo es el crédito. Como quieren vivir una vida de «experiencias» (o sea, viajar aunque no tengan ni para el Metro), se han vuelto esclavos de los pagos chiquitos que terminan siendo deudas gigantes.
La Generación Z: Los «nómadas digitales»… sin casa
A estos muchachos les tocó un mundo digital, sí, pero con una inflación que muerde. Su gran problema no es que no quieran trabajar, es que la vivienda es un mito. Para un Centennial, comprar una casa suena tan real como cazar un mamut en el centro de la Ciudad de México. ¡Imposible!
Y para colmo, son la generación de la «suscripción». Pagan por la música, por el video, por el gimnasio al que no van, por la comida que les traen a la puerta… un chorro de «gastos hormiga» que, si los sumas, son una verdadera fuga de capital.
Entonces, ¿quién gana este concurso de carencias?
Si me preguntan a mí, los dos están en el mismo barco y el barco tiene un agujero del tamaño de un estadio.
Mientras los Millennials se pelean por pagar una hipoteca que los va a enterrar, los Centennials ni siquiera aspiran a una. Pero ojo, que aquí viene el «asegún»: la tecnología es su peor enemiga. Hoy es más fácil que nunca gastar dinero que no tienes con un solo «click». De veras, de veritas…
La solución es la misma para todos
No importa si naciste en los 80 o en el 2000. El problema no es el año en que naciste, sino que nadie les enseñó a usar el dinero. El gobierno no va a venir a salvarlos y las empresas menos.
Si no empiezan a hacer su «vaquita» personal, si no dejan de comprar cosas para presumir a gente que ni les cae bien, y si no entienden que el futuro se construye hoy, van a llegar a los 60 años pidiendo prestado para la caguama… o para las medicinas, que salen más caras.
Pónganse las pilas, ordenen sus gastos y dejen de echarle la culpa a la generación de enfrente.
Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.