lo que sí y lo que no puedes controlar de tus finanzas (sí, incluyendo el conflicto de Ormuz)
A ver, seamos sinceros. Últimamente abres las noticias o las redes sociales y parece que el mundo se está cayendo a pedazos: que si la tasa de inflación subió, que si el petróleo se disparó, que si la tasa de interés de los bancos no baja y, por si fuera poco, los enfrentamientos y tensiones en el Estrecho de Ormuz amenazan con encarecer desde la gasolina hasta el jitomate en la esquina.
Ante semejante panorama, la respuesta fácil de la mayoría es cruzarse de brazos, suspirar fuerte y decir: “No bueno, con esta crisis económica mundial y la inflación desatada, ¿para qué me esfuerzo en ahorrar o administrarme? Si como quiera todo sube…” ¡Momento! Agárrate de la silla porque vengo a quitarte esa excusa de las manos.
Es muy cómodo culpar al gobierno, a los mercados internacionales o a los conflictos geopolíticos al otro lado del mundo de la bronca que traes en la tarjeta de crédito. Pero la realidad es bien simple: en tus finanzas hay cosas que tú jamás vas a controlar y cosas que dependen 100% de ti.
Vamos a dividir el mapa para que dejes de hacerte bolas y te pongas a Saber Gastar.
Lo que NO puedes controlar y en lo que pierdes el tiempo haciendo corajes
- El precio de la gasolina y el conflicto en el Estrecho de Ormuz:
Por más que leas tres horas de noticias al día y te vuelvas experto en geopolítica, no vas a lograr que los barcos petroleros pasen más rápido ni que la gasolina baje diez centavos mañana.
- La tasa de inflación general:
Tú no fijas el precio del huevo, de la carne ni de la renta. La inflación macroeconómica existe y nos pega a todos por igual.
- Las decisiones del Banco Central:
Si suben o bajan las tasas de interés de referencia no es decisión tuya ni de tu vecino.
¿El diagnóstico? Suelta eso. Preocuparte por lo que pasa a nivel global sin actuar en tu trinchera es como enojarte con el clima porque está lloviendo: la lluvia va a caer te guste o no; lo único que tú puedes decidir es si sales con paraguas o te dejas mojar.
Lo que SÍ puedes controlar (y donde se te está yendo la lana)
Aquí es donde entra la parte que a muchos les da comezón, porque toca asumir la responsabilidad de nuestra propia cartera:
- Tu “inflación personal”:
Una cosa es la inflación oficial y otra muy distinta la inflación que tú te inventas. Si subió la gasolina pero tú decides salir a cenar fuera cuatro días a la semana en lugar de cocinar, esa no es culpa de Ormuz, mi estimado; esa es culpa de tus hábitos.
- Tu presupuesto y tus prioridades:
Tú decides a qué le das prioridad cada quincena. ¿Vas a apartar primero tu ahorro para emergencias y tu PPR, o vas a gastarte el dinero en suscripciones que ni usas y compras por impulso para curarte el estrés?
- Tu nivel de endeudamiento:
El banco te puede ofrecer una tarjeta con un límite gigantesco, pero el que decide dar el tarjetazo para pagar cosas que no necesita eres tú. Nadie te agarra la mano para firmar el baucher.
- Tus fuentes de ingreso y tu capacitación:
Si lo que ganas ya no te alcanza porque las cosas están más caras, la solución no es solo quejarse, sino buscar cómo generar más: vender un servicio extra, capacitarte para pedir un ascenso o aprender una nueva habilidad.
No te dejes paralizar por el ruido del mundo. El conflicto de Ormuz y las crisis financieras mundiales van a ir y venir a lo largo de los años; así ha sido siempre y así seguirá siendo.
La diferencia entre quien llega a su vejez tranquilo y quien se la pasa sufriendo quincena a quincena no es la economía mundial: es la disciplina individual.
Deja de revisar el precio del petróleo en las noticias y ponte a revisar el estado de cuenta de tu tarjeta de crédito. Controla lo que está a tu alcance, protégete del entorno con un buen fondo de emergencia y asegúrate de Saber Gastar.