Si te pregunto cuánto gastaste la semana pasada en «gustitos», probablemente me des una cifra. Y lo más seguro es que esa cifra sea mentira. No solo me mientes a mí; te mientes a ti, a tu pareja y a tu cuenta bancaria.
En mi experiencia como experto en educación financiera, he visto que el ser humano es un artista del autoengaño cuando se trata de la cartera. Pero, ¿por qué lo hacemos?
1. El miedo al juicio (propio y ajeno)
Gastar dinero en algo que «no deberíamos» nos genera culpa. Para evitar esa sensación, nuestra mente «borra» el gasto o lo minimiza. «Solo fueron 200 pesos», dices, pero cuando sumas esos «solo» al final del mes, tienes un agujero negro de 4,000 pesos en tu presupuesto. Mentimos para proteger nuestra imagen de «adultos responsables».
2. La dopamina del momento vs. la realidad del estado de cuenta
Comprar genera un placer inmediato. Ver el estado de cuenta genera estrés inmediato. Para mantener el placer el mayor tiempo posible, bloqueamos la realidad. Si no lo anoto, no pasó. Si no lo digo en voz alta, no cuenta. Es una táctica de avestruz financiera: esconder la cabeza para no ver cómo se vacía la cuenta.
3. La «Contabilidad Mental» defectuosa
Tenemos la mala costumbre de categorizar los gastos de forma tramposa. Si compras ropa, dices que es «una inversión para el trabajo». Si sales a cenar de más, dices que es «salud mental». Le ponemos etiquetas nobles a gastos que son puro impulso. Mentimos sobre la naturaleza del gasto para no sentir que estamos perdiendo el control.
4. La infidelidad financiera
Este es un tema serio. Muchas personas esconden compras a sus parejas para evitar conflictos. El problema es que una mentira financiera es, en el fondo, una falta de confianza y un obstáculo para los proyectos en común. Si no puedes ser honesto con quien comparte tu vida sobre cuánto cuesta ese café o esa suscripción, tienes un problema más grande que el dinero.
5. El estatus social de cartón
Vivimos en la era de las apariencias. Mentimos sobre lo que gastamos porque queremos pertenecer a un nivel de vida que aún no hemos construido. Gastamos lo que no tenemos para aparentar lo que no somos, y luego mentimos sobre el costo para que nadie note que estamos operando con números rojos.
La receta para dejar de mentir:
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Anota hasta el chicle: Durante una semana, escribe cada peso que sale de tu bolsa. Los números no tienen sentimientos y no saben mentir.
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Acepta tu realidad: No pasa nada si este mes te ganaron los impulsos, pero admítelo. Solo lo que se reconoce se puede corregir.
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Habla de dinero: Rompe el tabú con tu familia. La transparencia es la base de la estabilidad
Mentir sobre tus gastos es como tratar de tapar el sol con un dedo; al final del mes, la realidad te va a dar un baño de agua fría. Deja de engañarte. El primer paso para la libertad financiera es la verdad absoluta.