En el mundo de la cultura y la educación, parece que existe un pecado capital: cobrar lo que vales. Muchos creen que si amas lo que haces o si tu trabajo ayuda a los demás, deberías hacerlo por «amor al arte».
Pero vamos aclarando las cosas: el amor al arte no paga la renta, ni el retiro.
¿Qué es el Capital Cultural?
El capital cultural es todo eso que tienes en la cabeza: tus 25 años de docencia, los libros que has leído, los talleres que has tomado, tu capacidad para manejar un grupo y hasta tus errores cometidos. Es un activo que no se ve, pero que tiene un valor inmenso.
El problema es que, a diferencia de una casa o un coche, el capital cultural es invisible. Y como es invisible, mucha gente asume que no cuesta.
El mito del «Te toma 5 minutos»
Seguro has escuchado la clásica frase: «¿Por qué me cobras tanto si te tomó solo media hora?».
La respuesta de un profesional con disciplina financiera debe ser clara: «No te cobro por la media hora que me tomó hacerlo, te cobro por los 10 o 20 años que me tomó aprender a hacerlo en media hora».
Cuando regalas tu trabajo, no solo te afectas a ti:
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Desvalorizas el gremio: Si tú lo das gratis, el cliente esperará que el siguiente también lo haga.
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Saboteas tu futuro: El tiempo que regalas es tiempo que no estás invirtiendo en tu propia estabilidad.
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Creas un círculo de precariedad: Un profesional que no cobra no puede seguir capacitándose, y eventualmente, la calidad de su ayuda disminuye.
¿Cómo empezar a cobrar «Sin Pudor»?
No se trata de ser avaricioso, se trata de ser sustentable. Aquí tres pasos para hacer la transición:
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Haz un inventario de tus activos: Haz una lista de tus años de estudio, tus logros y los problemas que has resuelto. Eso te dará la confianza interna para decir tu precio.
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Diferencia entre Donar y Regalar: Donar es una decisión consciente y estratégica (como apoyar a una asociación). Regalar es una imposición por miedo a decir que no.
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Habla de resultados, no de horas: No cobres por «una plática de una hora», cobra por «la solución que le darás a las personas para que organicen su vida».
«Tener conocimiento y no saber cobrar por él es como tener un pozo de petróleo y no tener una bomba para sacarlo. Tu sabiduría es tu mayor activo; trátala como tal. ¡Que tu pasión sea tu negocio, no tu sacrificio!»