Dicen que uno no conoce realmente con quién se casó hasta que se está divorciando. Pero más allá de las emociones, un divorcio es, en términos estrictamente prácticos, la disolución de una sociedad económica. Y si no se maneja con la cabeza fría, el costo puede perseguirte por el resto de tu vida.
Separar una vida en común no tiene por qué significar «empezar de cero» en la miseria. Aquí te comparto los puntos clave para que el patrimonio que construiste no se evapore en el proceso:
1. El inventario de la realidad (Sin maquillaje)
Antes de pelear, hay que saber qué hay. Haz una lista de activos (casa, coches, cuentas, inversiones) y pasivos (créditos hipotecarios, deudas de tarjetas, préstamos). El error más común es pelear por la casa y olvidar quién se va a quedar con la deuda de la misma.
2. Entender el régimen matrimonial
¿Sociedad conyugal (bienes mancomunados) o separación de bienes? Esto dicta las reglas del juego. Sin embargo, recuerda que incluso en separación de bienes, en muchos lugares existe la «compensación» si uno de los dos se dedicó preponderantemente al hogar. Asesórate antes de suponer.
3. Cuidado con los activos «emocionales»
A veces nos aferramos a la casa familiar por nostalgia o por los hijos, pero ¿puedes mantenerla tú solo/a? A veces es financieramente más sano vender, repartir y comprar algo que se ajuste a tu nueva realidad económica. No dejes que el apego te deje en números rojos.
4. La «limpieza» de créditos y firmas
Este es el punto donde más gente se equivoca. Si tienen tarjetas de crédito adicionales o préstamos donde ambos son firmantes, ciérralos o desvincula tu nombre de inmediato. No querrás que el mal historial crediticio de tu ex arruine tu capacidad de pedir un crédito en el futuro.
5. Actualiza tus beneficiarios
Seguros de vida, cuentas bancarias, PPR y testamento. Un divorcio no actualiza automáticamente a tus beneficiarios. Si algo te sucede mañana, no querrás que tu capital termine en manos de quien legalmente ya no forma parte de tu vida.
La lección de oro:
Un buen divorcio financiero no es el que deja a uno «ganador» y al otro «perdedor», sino aquel que permite que ambos salgan con la liquidez suficiente para reconstruir su futuro. En el dinero, como en la vida, la claridad es la mejor amiga de la paz.