Seguro te ha pasado: vas al súper por un rastrillo, ves uno azul y uno rosa. Son prácticamente iguales, pero el rosa cuesta un 10% o 15% más. No tiene más tecnología, no corta mejor; simplemente es rosa.
A esto se le llama «Pink Tax» o Impuesto Rosa, y no es un impuesto real del gobierno, sino un sobreprecio que las marcas aplican a productos dirigidos específicamente al público femenino.
Hoy vamos a desmenuzar por qué esto es una bofetada a tus finanzas y cómo dejar de pagarlo.
1. El costo de la «feminidad»
Desde juguetes y ropa hasta artículos de higiene personal. Un estudio tras otro demuestra que las versiones femeninas de productos básicos suelen ser más caras. ¿La razón? Las marcas asumen que las mujeres están dispuestas a pagar más por el empaque o por la segmentación emocional.
2. El doble golpe financiero
Aquí es donde la cosa se pone controversial. Las mujeres, estadísticamente, enfrentan una brecha salarial (ganan menos por el mismo trabajo) y, al mismo tiempo, enfrentan el Impuesto Rosa (gastan más por los mismos productos). Es una pinza que aprieta el ahorro femenino desde ambos lados.
3. ¿Es solo marketing o es discriminación?
Las marcas argumentan que producir para mujeres cuesta más por el diseño o los ingredientes (como fragancias). Pero seamos honestos: ¿un jabón neutro rosa realmente requiere una logística distinta a la del azul? En la mayoría de los casos, la respuesta es un rotundo no. Es una estrategia de precios basada en el género.
4. ¿Cómo hackear el Impuesto Rosa? 💡
Como aquí venimos a cuidar la cartera, toma nota:
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Compra versiones «para hombres» o neutras: Rastrillos, desodorantes, espumas de afeitar e incluso algunas prendas básicas (como playeras de algodón) son idénticas y más baratas en la sección de caballeros.
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Compara precios por unidad: No te dejes llevar por el empaque bonito. Revisa el costo por gramo o mililitro.
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Sé una consumidora consciente: Si una marca abusa descaradamente del sobreprecio rosa, vota con tu cartera y deja de comprarle.
El Impuesto Rosa existe porque lo seguimos pagando. En el momento en que dejemos de validar estos sobreprecios, las marcas tendrán que ajustar sus estrategias. Tu dinero no tiene género, así que no permitas que el color de un envase decida cuánto ahorras a final de mes.