No te confundas, uno prospera y el otro se marchita
En este camino de aprender a Saber Gastar, hay una línea muy delgada que separa a dos personajes que se parecen por fuera, pero son opuestos por dentro: el tacaño y el austero.
Si tú crees que ahorrar es dejar de dar propina, no invitar ni un café a tu madre o comprar lo más corriente para que «te sobre», déjame decirte que no eres un experto en finanzas, eres un tacaño. Y la tacañería, querido amigo, es una enfermedad de la mente que aleja la abundancia.
Aquí te explico la diferencia para que te revises, antes de que te quedes solo con tu montón de monedas.
1. El Tacaño sufre; el Austero decide
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El Tacaño: No gasta por miedo. Siente un dolor físico cuando tiene que soltar un billete, aunque sea para algo necesario. Su meta es acumular por acumular, como si se fuera a llevar el dinero a la tumba.
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El Austero: Gasta con propósito. Decide no gastar en tonterías (cafés de sirena, ropa de marca para aparentar, suscripciones que no usa) para tener dinero para lo que sí importa: su retiro, su seguro, su casa o una buena cena con su familia.
2. El Tacaño busca lo barato; el Austero busca el VALOR
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El Tacaño: Compra los zapatos de $200 que le van a durar tres meses y le van a lastimar los pies. Al final, gasta más porque tiene que comprar otros pronto.
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El Austero: Compra los zapatos de $1,500 que le van a durar cinco años. Sabe que lo barato sale caro. El austero invierte en calidad porque entiende el concepto de costo-beneficio.
3. El Tacaño afecta a los demás; el Austero se disciplina a sí mismo
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El Tacaño: Es el que «se le olvida la cartera» cuando llega la cuenta, el que no aporta en las fiestas familiares, el que escatima en el bienestar de los suyos. Su ahorro es a costa de los demás.
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El Austero: Es disciplinado con su propio consumo. Quizás trae un coche modesto o no cambia de celular cada año, pero es generoso cuando se trata de compartir y responsable con sus obligaciones.
¿De qué lado estás?
Ser austero es una virtud de gente sabia. Es vivir por debajo de tus posibilidades para construir libertad financiera. Es decir: «No lo compro porque no lo necesito».
Ser tacaño es un defecto de gente con mentalidad de escasez. Es decir: «No lo pago aunque lo necesite porque me duele».
El dinero es una herramienta para vivir bien, no un fin en sí mismo. Si tu ahorro te quita la paz, te hace quedar mal con la gente que amas o te hace vivir de forma miserable, ¡estás mal! Aprende a ser austero para que mañana puedas ser espléndido.
¡Ten tantita clase y deja de ser el tacaño del grupo! ¡Piensa!