¿Por qué algunas personas vuelven a endeudarse después de pagar?
“Acabo de terminar de pagar mi deuda… ¿por qué siento ganas de volver a comprar?”
Fue una de las preguntas que más llamó nuestra atención en una encuesta reciente. Y quizá también sea una de las más honestas. Porque salir de una deuda no siempre significa salir del patrón que nos llevó a ella.
La deuda no siempre empieza en los números
Cuando hablamos de deudas, solemos enfocarnos en las tasas de interés, los pagos mínimos o las tarjetas de crédito. Todo eso importa. Pero hay otro aspecto del que se habla poco: las emociones.
Muchas decisiones de compra no nacen de una hoja de cálculo. Nacen del estrés, del cansancio, de la necesidad de sentir un pequeño alivio, de la celebración, de la presión social o incluso de la idea de “me lo merezco”.
Eso no significa que comprar esté mal. Significa que vale la pena preguntarnos qué estamos buscando resolver cuando gastamos.
Un ciclo que puede repetirse
En algunas personas, la deuda puede seguir un patrón parecido a éste:
1. Surge una necesidad o un deseo.
Puede ser algo urgente, algo importante o simplemente un gusto que sentimos que necesitamos.
2. Compramos.
La compra produce satisfacción, tranquilidad o emoción. Aunque sea por un momento.
3. Llega la deuda.
Con el paso de los días aparecen los estados de cuenta, la presión y la preocupación.
4. Comienza el esfuerzo por pagar.
Reducimos gastos, hacemos cuentas y nos prometemos que esta vez será diferente.
5. Finalmente liquidamos la deuda.
Sentimos alivio.
Y aquí ocurre algo interesante.
El alivio también puede jugar una mala pasada
Cuando terminamos de pagar una deuda, sentimos que recuperamos el control. Es una sensación positiva. El problema aparece cuando confundimos ese alivio con una invitación a volver a empezar desde cero. Pensamientos como:
“Ahora sí puedo darme un gusto.”
“Ya salí de ésta.”
“Sólo será una compra.”
Ideas y anhelos que pueden abrir la puerta a repetir decisiones que todavía no hemos revisado. No porque seamos irresponsables, necesariamente (aunque los hay), sino porque el hábito sigue ahí.
Las emociones que viven entre una deuda y la siguiente
Entre el momento en que pagamos y el momento en que volvemos a comprar pueden aparecer muchas emociones.
- Estrés.
- Ansiedad.
- Cansancio.
- Tristeza.
- Euforia.
- Sensación de recompensa.
- Incluso la necesidad de compensar meses de sacrificio.
Identificarlas no resuelve el problema por sí solo, pero ayuda a entenderlo y entender un patrón suele ser el primer paso para cambiarlo.
No todas las deudas cuentan la misma historia
También es importante decirlo. Hay personas que se endeudan porque enfrentaron una enfermedad, perdieron el empleo, sostienen a su familia o simplemente porque sus ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas. En esos casos, hablar únicamente de hábitos sería injusto. Las finanzas personales siempre ocurren dentro de una realidad económica concreta. Por eso conviene evitar culpas fáciles y buscar soluciones que se adapten a cada situación.
¿Cómo empezar a romper el ciclo?
Más que prometer cambios radicales, vale la pena hacerse algunas preguntas:
- ¿Qué estaba sintiendo cuando decidí comprar?
- ¿Qué buscaba resolver con ese gasto?
- ¿Qué situaciones hacen que sea más fácil volver a endeudarme?
- ¿Qué puedo hacer diferente la próxima vez que sienta ese impulso?
A veces el cambio empieza mucho antes de sacar la tarjeta, empieza cuando aprendemos a reconocer lo que sentimos, porque las finanzas personales no son solamente una cuestión de números: También son una historia de hábitos, decisiones… y emociones.