El doloroso (pero necesario) deducible
¡Imagínate la escena! Llevas tres años pagando religiosamente tu seguro de coche o tu seguro de gastos médicos. No juegas carreritas, no te metes en sentido contrario y te cuidas como si fueras de cristal. Pero un mal martes, vas saliendo del súper y ¡pum!, un despistado se te atraviesa y el das un llegue. Te bajas encabritado, llamas a tu seguro pensando: “Bueno, al menos para esto pago”. Llega el ajustador, revisa el golpe y te dice muy propio: “Sí procede, estimado, solo que su deducible es de 12,000 pesos”.
¡En ese momento sientes que la sangre se te sube a la cabeza! “¿Cómo que doce mil pesos? ¡Si yo ya les pago una millonada al año! ¡Son unos rateros, un fraude!”.
Cálmate, respira hondo y vamos a platicar tú y yo, de frente y sin rodeos. El deducible no es una estafa de letras chiquitas para quitarte tus centavos; es un pacto de corresponsabilidad que tú aceptaste cuando firmaste el contrato. Déjame explicártelo con peras y manzanas para que dejes de hacer corajes gratis.
El deducible es la “vaquita” de la prevención
Para entender el deducible, imagínate que haces una tanda o una “vaquita” con tus vecinos para arreglar desperfectos de la cuadra. Si a Don Pepe se le rompe una maceta de 50 pesos, ¿creen que sería justo sacar dinero de la vaquita común para pagársela? ¡Claro que no! Si hiciéramos eso, el fondo se vaciaría en tres días y cuando se caiga el portón principal de la unidad, ya no habría ni un centavo.
El deducible funciona exactamente igual. Es la cantidad de dinero que corre por tu cuenta en caso de un siniestro. Es tu forma de decirle a la aseguradora: “Mira, si el chistecito es un raspón de banqueta o una gripa de tres días, yo me fajo y lo pago de mi bolsa; pero si la cosa se pone color de hormiga y el chiste sale en una fortuna, entonces sí entras tú con todo”.
Si no existiera el deducible, las pólizas de seguro costarían el triple. La gente iría a cobrarle a la aseguradora hasta el cambio de un foco fundido del faro o el jarabe para la tos del niño. El deducible sirve para que el seguro sea sustentable y esté ahí cuando de verdad te enfrentes a una catástrofe que pueda quebrar tu patrimonio.
La regla de oro que debes tatuarte en la cartera
Aquí te va el secreto de oro que muchos asesores no te explican bien por miedo a que no les compres: El precio de tu seguro y el tamaño de tu deducible juegan en pareja regularmente.
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Deducible alto = Póliza barata: Si aceptas pagar un deducible alto en caso de accidente, la aseguradora te premia cobrándote menos dinero al año (la prima).
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Deducible bajo = Póliza cara: Si quieres que la aseguradora pague casi todo desde el primer peso, te van a cobrar una mensualidad o anualidad que te va a hacer llorar.
¿Cuál es el truco entonces? Encontrar el equilibrio. De nada te sirve pagar un seguro baratísimo si a la hora de un choque el deducible es de 30,000 pesos y no tienes ni mil guardados bajo el colchón. El deducible ideal debe ser una cantidad que SÍ puedas pagar mañana mismo en una emergencia sin tener que ir a empeñar las joyas de la abuela.
Deja de ver al seguro como un gasto que “tienes que usar a la fuerza para que desquite”. El mejor seguro es el que se paga y NUNCA se usa.
La próxima vez que vayas a renovar tu póliza, no te fijes solo en el costo total. Pregúntale a tu agente: “A ver, háblame en cristiano, ¿de a cómo nos toca el deducible si me pasa algo hoy?”. Revisa tus finanzas, arma un fondo pequeño exclusivo para ese deducible y duerme en paz.
¡Ya lo sabes! El que avisa no es traidor, y en temas de dinero, más vale prevenir que lamentar.