Si crees que con lo que te descuentan en la nómina vas a vivir como rey en la playa, es momento de sacar la calculadora. La Afore es una gran herramienta, pero para la mayoría, es insuficiente. Aquí te dejo las señales de alerta:
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Tu «Tasa de Reemplazo» es de miedo: Si haces el cálculo y te das cuenta de que al jubilarte recibirás apenas el 30% o 40% de tu sueldo actual. ¿Podrías vivir hoy con menos de la mitad de lo que ganas? Si la respuesta es no, tu Afore ya te quedó chica.
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Eres de la «Generación Afore» (Ley 97): Si empezaste a cotizar después del 1 de julio de 1997, no tienes una pensión garantizada por el gobierno. Solo tendrás lo que logres juntar en tu cuenta individual. Aquí no hay milagros, solo matemáticas.
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No haces aportaciones voluntarias: La aportación patronal es mínima. Si no le estás metiendo de tu propia bolsa, estás dejando que tu futuro dependa de un esquema diseñado para la supervivencia, no para la comodidad.
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Tus expectativas de vida no coinciden con tu saldo: Queremos viajar, tener salud privada y mantener nuestra casa al retirarnos. Si tu saldo actual de la Afore no crece al ritmo de tus sueños, tienes un hueco financiero que llenar.
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No tienes un «Plan B» (como un PPR): Confiarle el 100% de tu vejez a una sola institución es arriesgado. Si no tienes una inversión paralela o un Plan Personal de Retiro que complemente a la Afore, estás caminando en la cuerda floja sin red de protección.
«No se trata de hablar mal de la Afore, se trata de ser realistas. La Afore es tu base, pero el edificio de tu retiro lo construyes tú con inversiones adicionales.»