Maricarmen vende pasteles en su barrio. Empezó de boca en boca con los vecinos, pero es tan buena en lo que hace y le echa tanto empeño que poco a poco el negocio creció. Hoy ya tiene su página de TikTok, decenas de pedidos a la semana y clientes que le mandan mensaje a todas horas.
Si usted la ve trabajar de lunes a domingo, diría que Maricarmen es una mujer sumamente trabajadora, exitosa y dedicada. Pero la realidad detrás de las vitrinas es otra muy distinta:
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Si Maricarmen se enferma un par de días, esa semana simplemente no hay ingresos.
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Si quiere tomarse tres días de descanso, tiene que trabajar el doble los días previos para no quedar mal con los pedidos.
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Entre el horno, la administración de la página, el cuidado de sus dos hijos y la atención a su mamá —que vive con ella y requiere cuidados constantes—, Maricarmen trabaja fácilmente 14 horas al día.
Ella produce, genera valor, cuida a su familia y mueve la economía local. Sin embargo, bajo las reglas del sistema financiero actual, Maricarmen camina directo hacia un retiro en cero. No va a tener pensión.
El mito del “trabajo duro” en la vejez
Existe la idea equivocada de que la pensión es un premio que llega de forma automática simplemente por haber trabajado muchos años. La cruda realidad es que el sistema de pensiones en nuestro país no premia el esfuerzo; premia la formalidad laboral.
En México, millones de mujeres se encuentran en la misma situación que Maricarmen. No es que no trabajen —al contrario, trabajan el doble uniendo el autoempleo con las labores de cuidado no remuneradas en el hogar—, pero al estar en el sector informal:
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No existe una aportación patronal a la Afore: Nadie está depositando un porcentaje de sus ingresos mes a mes en una cuenta de retiro.
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No hay protección ante imprevistos de salud: Un problema médico serio no solo detiene los ingresos de inmediato, sino que se come el poco ahorro acumulado.
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El tiempo juega en contra: Cuando el negocio propio absorbe todo el día a día, la planeación a 20 o 30 años se vuelve un lujo que parece lejano e irrelevante, hasta que el tiempo nos alcanza.
Del “autoempleo” a la protección de su propio futuro
Tener un negocio propio o vender por redes sociales es una labor aplaudible y llena de mérito, pero hay que aprender a diferenciar entre generar flujo de efectivo diario y construir un patrimonio para la vejez.
Si usted, como Maricarmen, es dueña de su propio tiempo y de su negocio, nadie va a venir a armarle un plan de retiro. Tiene que hacerlo usted misma con el manual en la mano y la decisión firme.
1. Registre su propio “sueldo” y su cuota de retiro
Si su negocio factura, el dinero no es todo suyo para el gasto corriente. Incluya en el costo de sus pasteles, sus productos o sus servicios una cuota fija destinada a su futuro. Considérese su propia empleada y páguese a usted misma la aportación a su retiro.
2. Abra y aporte a una Afore o instrumento de ahorro formal
Cualquier persona, aunque no cotice en el IMSS o ISSSTE, puede abrir una cuenta de Afore como trabajador independiente o contratar un Plan Personal de Retiro (PPR). No necesita montos extraordinarios para empezar: la clave no es la cantidad de inicio, sino la constancia de domiciliar una aportación mensual, por pequeña que sea.
3. Separe la salud del negocio
El mayor enemigo del emprendimiento informal es la falta de blindaje médico. Contratar un seguro o contar con un fondo exclusivo para emergencias de salud es la única forma de evitar que una enfermedad liquide los ahorros de toda una vida.
Su trabajo vale, asegure que le sirva para siempre
Aprender a manejar el dinero no es solo para quienes trabajan en una oficina con horario de ocho horas. Quienes emprenden desde casa, preparan comida, venden por internet o cuidan a su familia necesitan, con mayor razón, tomar las riendas de su tranquilidad futura.
Trabajar mucho hoy no sirve de nada si el día de mañana no hay nada que le respalde.