¿A poco no nos encanta sentir que lo tenemos todo bajo control? Salimos a la calle pensando que el día va a ser perfecto, dejamos la casa impecable y juramos que a nosotros nunca nos va a pasar nada. Pero, ¡ay, mis estimados! La vida no tiene palabra de honor y los accidentes no avisan; por algo se llaman accidentes.
Seguramente has escuchado hablar de los seguros de vida o de gastos médicos, y qué bueno, porque hay que proteger el cuerpo y la salud. Pero hoy te quiero hablar de un héroe desconocido de la canasta básica financiera que casi nadie contrata hasta que ya tiene el problema encima: el seguro de Responsabilidad Civil.
En cristiano: es el seguro que paga los platos rotos que tú, tu familia o tus bendiciones (incluyendo a las de cuatro patas) rompan sin querer.
El que la hace, la paga… aunque haya sido sin querer
A veces pensamos que un seguro de casa solo sirve por si tiembla o por si un ratero se mete a robarnos la pantalla. Pero la realidad es que la cobertura de Responsabilidad Civil Familiar, que suele venir incluida en el seguro de tu hogar, va mucho más allá de tus cuatro paredes. Es tu escudo contra los “¡pérame tantito, fue un accidente!”.
Déjate de cuentos de que “a ti no te pasa”. Imagínate estos escenarios cotidianos:
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El clásico departamental: Se rompe una tubería vieja en tu baño mientras estás en la chamba y, para cuando regresas, ya le inundaste la sala, la pantalla y el techo al vecino de abajo. ¿De dónde vas a sacar para pagarle su remodelación?
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El Firulais indomable: Sacas a pasear al perro, se asusta con una moto, muerde a un peatón o le rompe las plantas a la vecina. Te toca pagar la vacuna, la curación y el susto.
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El niño terremoto: Vas a una tienda departamental o a casa de un amigo, tu criatura se tropieza y tira una obra de arte o una pantalla gigante de última generación.
En todos estos casos, la ley es muy clara: el que causa un daño, tiene la obligación de repararlo. Y ahí es donde la cartera tiembla si no estás prevenido.
No dejes tu patrimonio a la suerte
Pagar un deducible o una indemnización de tu propia bolsa por un descuido puede dejar un boquete horrible en tus finanzas y mandar tus ahorros de meses a la basura. La Responsabilidad Civil no es un lujo para gente con mansiones; es una necesidad para el mexicano promedio que cuida su quincena y no quiere terminar demandado o peleado de por vida con los vecinos.
Hacerte el occiso y rezarle a la virgencita para que no pase nada no es una estrategia financiera. Pregunta por esta cobertura, revisa los montos y asegúrate de que tu hogar y tus acciones estén respaldadas.