Hablemos de una de las broncas más comunes, costosas y dolorosas en el mundo de los Seguros de Gastos Médicos Mayores (SGMM). Existe una historia que se repite todos los días en los hospitales: una persona enferma, la aseguradora se niega a pagar la cuenta de cientos de miles de pesos, y el asegurado sale encendido de coraje gritando: “¡Méndiga aseguradora mañosa, no me quiere cumplir!”.
Sin embargo, al revisar la letra chiquita del expediente, resulta que la enfermedad ya existía antes de contratar la póliza y nunca se le dijo a la compañía. A esta omisión u “olvido convenenciero” en el mundo de los seguros se le llama preexistencia. Y hoy vamos a poner las cartas sobre la mesa para que entiendas por qué intentar “maquillar” tu historial de salud es la peor decisión financiera que puedes tomar.
¿Qué es exactamente una Preexistencia?
Para las aseguradoras, una preexistencia es cualquier enfermedad, padecimiento, lesión o alteración de la salud que haya iniciado o sido diagnosticada antes de la fecha de inicio de tu póliza de seguro.
Ojo, no se trata solo de que un médico te haya dado un diagnóstico formal por escrito. Para la ley y la póliza, se considera preexistencia si:
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Ya tenías un diagnóstico médico previo (ejemplo: te dijeron hace tres años que tenías hipertensión, diabetes o una hernia).
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Has tenido síntomas evidentes por los que cualquier persona razonable habría acudido al médico, aunque te hayas hecho “el fuerte” y no hayas ido.
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Has gastado en medicamentos o tratamientos para controlar esa molestia antes de contratar.
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Consta en tu expediente clínico de cualquier institución pública o privada (IMSS, ISSSTE, médico familiar o laboratorio).
La ilusión del “no se van a dar cuenta”
Cuando la gente llena la Solicitud de Seguro, le entra la tentación o el “miedo” de que le suban la prima o le rechacen la póliza. Entonces, cruzan los dedos y marcan “NO” en las preguntas sobre antecedentes de salud. “Al fin que fue una operacioncita de nada hace cinco años”, “Al fin que la presión alta me la controlé sola”, piensan.
¡Grave error! Las aseguradoras no son adivinas, pero sí son investigadoras profesionales.
El día que caes al hospital por una complicación o solicitas una cirugía programada, el primer documento que pide la aseguradora es el Informe Médico, firmado por tu doctor, donde se detalla la historia clínica y la evolución de la enfermedad. Además, los médicos dictaminadores saben perfectamente cuándo un padecimiento lleva meses o años gestándose en el cuerpo.
Si la aseguradora descubre que mentiste u omitiste información intencionalmente en tu solicitud, no solo se negará a pagar la cuenta del hospital; cancelará tu contrato por omisión o inexacta declaración, perderás la póliza y no te devolverán ni un solo peso de las primas que hayas pagado.
¿Qué pasa si declaro mi preexistencia desde el principio?
Decir la verdad en la solicitud no significa automáticamente que te vayan a rechazar. Al ser transparente, la aseguradora evaluará tu caso y te dará una de estas opciones reales:
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Aceptación con exclusión: Te cubren todo el cuerpo y cualquier enfermedad futura, excepto la condición preexistente y sus complicaciones.
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Aceptación con extraprima: Te cubren la enfermedad, pero pagando un costo adicional anual porque representas un riesgo mayor.
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Periodos de espera especiales: En algunos casos muy específicos, aceptan cubrir el padecimiento después de que transcurran 2, 3 o 5 años continuos con la póliza pagada.
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Rechazo de la póliza: Si el padecimiento es de altísimo riesgo, la compañía declinará asegurarte. Y aunque duela, es preferible saberlo de frente a vivir con la falsa ilusión de estar protegido.
La regla de oro de Saber Gastar para contratar un seguro
Un Seguro de Gastos Médicos Mayores se contrata cuando se tiene salud, para proteger el patrimonio cuando la salud falte. Pretender contratar un seguro cuando ya tienes el problema encima es como querer comprar un seguro contra incendios cuando la casa ya está sacando humo.
Si vas a contratar o cambiar de póliza:
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Di la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Llena la solicitud con puño y letra transparentes. Más vale una exclusión clara hoy, que un rechazo de medio millón de pesos mañana.
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Si cambias de aseguradora, exige la Reconocimiento de Antigüedad. Si ya llevas años pagando un seguro, no pierdas ese tiempo avanzado; transfiérelo para mantener cubiertos los periodos de espera de nuevas enfermedades.
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Apóyate en un agente profesional. Un buen agente no te ayudará a “engañar” a la aseguradora, te ayudará a estructurar tu expediente para que la compañía evalúe tu riesgo de forma justa.
No empeñes tu tranquilidad por la prisa ni por el miedo. Habla con la verdad, protege tu patrimonio con bases sólidas y cuida tu dinero.