- Basado en insights de 30,000 consumidores y 20 expertos, el reporte explora cómo las marcas deben evolucionar para mantenerse relevantes en una era marcada por la inteligencia artificial, la reinvención y el aumento de las expectativas.
Durante años, las marcas compitieron por atención. Después, por datos. Ahora, la siguiente batalla parece mucho más ambiciosa: competir por convertirse en herramientas de transformación personal.
Ese es el gran cambio que empieza a emerger en la economía impulsada por inteligencia artificial. No se trata únicamente de automatizar tareas o personalizar anuncios. La IA está alterando la forma en que las personas imaginan su vida: cómo trabajan, aprenden, envejecen y hasta cuántas veces pueden reinventarse.
El nuevo reporte Consumer Vision: Mothers of Reinvention, de dentsu, retrata un consumidor radicalmente distinto al de la última década: uno que delegará decisiones operativas a agentes de inteligencia artificial mientras concentra su energía en algo mucho más aspiracional: diseñar nuevas versiones de sí mismo.
El estudio se basa en una encuesta a 30,000 personas en 25 países, así como en entrevistas con 20 expertos y futuristas en campos como la sociología cultural, el derecho de la inteligencia artificial y la psicología del consumidor, para identificar las disrupciones e innovaciones más probables en los próximos años.
La idea puede sonar futurista, pero ya hay señales visibles.
El informe muestra que 79% de los consumidores globales cree que la IA permitirá perseguir múltiples carreras y proyectos creativos a lo largo de la vida, mientras que 73% afirma que usaría inteligencia artificial para simular cómo sería cambiar de profesión o adoptar un nuevo hobby antes de hacerlo en la vida real.
La obsesión ya no es únicamente la productividad; es la posibilidad de reiniciar constantemente la propia vida. La IA aparece entonces no como sustituto humano, sino como acelerador existencial.
Detrás de este cambio no hay una sola tendencia, sino la convergencia de varias fuerzas: una relación cada vez más simbiótica con la tecnología, una cultura que empieza a premiar lo verdaderamente original, un consumidor en reinvención permanente y marcas obligadas a redefinir su papel dentro de ese sistema.
El reporte retrata un nuevo perfil: el “Consumer CEO”; personas que dejan de ocuparse de cada decisión cotidiana para centrarse en definir objetivos y prioridades, mientras sistemas inteligentes se encargan del resto.
La tendencia ya empieza a reflejarse en el comportamiento de los usuarios, 56% de los consumidores estaría interesado en servicios capaces de comprar y reabastecer automáticamente productos básicos del hogar, mientras 70% quiere gestionar todos sus agentes de IA desde una sola interfaz.
Para las marcas, eso implica una amenaza silenciosa: convertirse en commodities invisibles dentro de ecosistemas automatizados.
Si una IA puede resolver compras funcionales en segundos, el diferencial ya no estará en vender más rápido o más barato; estará en provocar emociones, identidad y sentido de progreso personal.
“Estamos entrando a una etapa en la que las marcas tendrán que acompañar la evolución personal de las personas, no solo responder a sus necesidades inmediatas”, señala Paola Máximo, CEO de dentsu México. “La inteligencia artificial acelerará decisiones y automatizará procesos, pero el vínculo emocional seguirá siendo profundamente humano”.
La consecuencia es enorme para industrias enteras. El marketing basado únicamente en performance empieza a mostrar señales de agotamiento en un entorno saturado por contenido automatizado. De hecho, una de las tensiones más interesantes del estudio es que, mientras la inteligencia artificial multiplica la producción creativa, los consumidores empiezan a valorar más aquello que perciben como auténtico, humano e irrepetible.
En otras palabras: mientras más contenido genera la IA, más valor adquiere lo verdaderamente original.
No es casualidad que conceptos como AI slop (contenido genérico generado algorítmicamente) hayan entrado en la conversación cultural global. La fatiga frente a la homogeneización digital está creciendo al mismo ritmo que las herramientas generativas.
Las cifras son contundentes: 88% de los consumidores considera que las ideas y el arte verdaderamente originales serán más importantes en la era de la IA, mientras 92% cree que las marcas deberían compensar económicamente a los creadores humanos cuando sus ideas sean utilizadas o replicadas por inteligencia artificial.
“Lo auténtico se va a convertir en el nuevo lujo cultural”, apunta Máximo. “En un entorno saturado de contenido generado por IA, las audiencias van a buscar cada vez más experiencias, historias y voces que se sientan reales”.
Eso explica por qué muchas marcas comienzan a girar hacia territorios más emocionales, más humanos e incluso más imperfectos. En un ecosistema hiperoptimizado, la imperfección empieza a funcionar como prueba de autenticidad.
También cambia la relación con el tiempo; la automatización está erosionando la lógica tradicional de productividad basada en horas trabajadas. El reporte señala que 85% de los consumidores cree que sus rutinas diarias cambiarán significativamente conforme la tecnología reduzca el tiempo necesario para realizar tareas, mientras 82% considera que las empresas valorarán cada vez menos las horas trabajadas y más la originalidad de los resultados.
El resultado es una cultura donde las personas podrían atravesar múltiples carreras, identidades y comunidades a lo largo de una misma vida. Y ahí aparece otro desafío para las marcas: dejar de segmentar consumidores por edad o generación y empezar a entenderlos por estados de reinvención.
“Las marcas que sigan comunicando para públicos estáticos van a perder relevancia”, agrega la directiva. “El consumidor del futuro será mucho más dinámico: cambiará constantemente de intereses, habilidades, aspiraciones e incluso de identidad digital”.
Pero quizá el cambio más profundo está en el rol que las marcas deberán asumir en este nuevo contexto.
En un entorno donde gran parte de las decisiones y compras estarán automatizadas, responder a la demanda será insuficiente. Las marcas que logren mantenerse visibles serán aquellas capaces de actuar como sistemas de guía: diseñando trayectorias, provocando descubrimientos y ayudando a las personas a avanzar hacia nuevas versiones de sí mismas.
Porque el consumidor que viene no quiere únicamente resolver necesidades. Quiere desbloquear posibilidades.
En el fondo, esa parece ser la verdadera discusión que abre esta nueva etapa tecnológica: no si la inteligencia artificial creará sociedades más automatizadas, sino si terminará impulsando algo mucho más radical —una cultura donde tecnología, identidad y marcas convergen alrededor de una idea central: que vivir ya no será optimizar lo que somos, sino rediseñarnos constantemente.