Quítate esa tonta idea de la cabeza
Hace unos días platicaba con un seguidor que me decía, con el corazón en la mano y la voz entrecortada: “Gianco, tengo 50 años, me liquidaron de mi chamba y en ningún lado me dan entrevistas. Siento que para el mercado laboral ya soy invisible, que ya no sirvo. ¿Qué hago?”.
Bájate de ese tren del sufrimiento ahorita mismo. Entiendo perfectamente tu frustración. Es una realidad frustrante que en este país muchas empresas pongan un límite de edad absurdo en sus vacantes, prefiriendo contratar chavitos de 25 a los que les pueden pagar tres pesos aunque no tengan idea de cómo resolver una crisis.
Pero que el mercado corporativo esté medio miope no significa que tú ya no sirvas. Al contrario: estás en la edad donde tienes lo que a ningún centennial se le puede comprar en la tiendita: experiencia, colmillo y madurez.
Si ya estás en el club de los 50 y sientes que la puerta de las oficinas se te cerró, es momento de dejar de tocar esa puerta y empezar a construir tu propio camino. Aquí hay tres verdades que tienes que aplicar HOY para reactivar tu cartera:
1. Deja de vender tu “tiempo” y empieza a vender tus “soluciones”
Cuando tienes 25 años, vas a una entrevista a decir que tienes disponibilidad de horario y muchas ganas. A los 50, eso ya no importa. A las empresas medianas o pequeñas no les interesa contratarte de tiempo completo porque les sale caro tu seguro y tu nómina.
¿La solución? Vuélvete consultor o asesor externo. Ve con esos negocios y diles: “Sé que tienes una bronca con tu administración/ventas/logística. No me contrates en nómina, contrátame por proyecto 10 horas al mes y yo te resuelvo el caos”. Te vas a cotizar por lo que sabes resolver, no por las horas que pasas sentado en una silla.
2. Actualízate a la de YA
Muchos profesionales de 50 años se quedan fuera no por la edad, sino porque se volvieron dinosaurios digitales. Si te da miedo picarle a las herramientas de inteligencia artificial, si no le entiendes a los nuevos sistemas de tu área o si tu perfil de LinkedIn tiene una foto de hace quince años y no la mueves, el problema no es el año en que naciste, es tu flojera de actualizarte. La experiencia combinada con tecnología es una combinación imparable. Métete a estudiar.
3. Emprende, pero con cabeza
Mucha gente de 50 años recibe su liquidación y lo primero que hace por desesperación es poner una franquicia de algo que no conoce, un restaurante o una tienda de abarrotes. ¿Y qué pasa? Se queman los ahorros de su vida en seis meses porque no sabían operar ese negocio.
Si vas a emprender a esta edad, emprende en lo que ya sabes hacer. Si fuiste contador 30 años, pon tu despacho de asesoría fiscal; si fuiste director de compras, ayuda a pequeñas empresas a negociar con proveedores. Usa tu activo más valioso: tus contactos y tu conocimiento.
Tener 50 años no es el fin de tu vida productiva, es el inicio de tu etapa más inteligente. Deja de pedir chamba como si estuvieras pidiendo un favor o una limosna. Cambia la mentalidad: tú no vas a ver si te dan la oportunidad, tú vas a ofrecer una solución que a la empresa le va a costar años aprender por su cuenta. Sácale brillo al colmillo, muéstrale al mercado de qué estás hecho y ¡a seguir facturando, que todavía quedan muchas quincenas por delante!