- En el marco del 16 de abril, Día Mundial del Emprendimiento, el foco no está en iniciar, sino en lograr que los negocios crezcan y se sostengan.
- 14% de las mujeres accede a un segundo crédito y 13% a un tercero, reflejando un uso continuo del financiamiento.
- El crédito dirigido a pequeñas empresas aumentó de 13% a 17.26% tras la pandemia, mostrando una transición hacia actividades generadoras de ingreso.
Cada año se habla de emprendimiento como si el principal reto fuera empezar. En México, no necesariamente es así. El verdadero desafío está en lograr que un negocio sobreviva lo suficiente para crecer y consolidarse.
En el contexto del Día Mundial del Emprendimiento, esta conversación cobra especial relevancia en un país donde emprender no siempre responde a una oportunidad, sino también a una necesidad.
La propia estructura económica del país lo confirma. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2023 el 95.5% de las unidades económicas correspondía a microempresas, las cuales empleaban al 41.5% del personal ocupado, consolidándose como un pilar del sustento económico de millones de familias mexicanas. A la vez, la dinámica empresarial del país refleja un entorno de alta rotación: entre mayo de 2019 y mayo de 2023 nacieron 1.7 millones de establecimientos y murieron 1.4 millones, lo que muestra que emprender es importante, pero sostener y hacer crecer un negocio sigue siendo el verdadero desafío.
Sin embargo, hay un cambio silencioso que vale la pena observar: la manera en que las personas —y particularmente las mujeres— están utilizando el financiamiento.
También de acuerdo con el INEGI, en 2023 las mujeres representaron el 43.6% del personal ocupado en las unidades económicas del país, reflejando una participación cada vez más activa en la dinámica productiva, especialmente en segmentos donde el emprendimiento es una vía directa de ingreso.
En línea con ello, datos de Provident México muestran que 66% de su cartera está conformada por mujeres, una señal del peso que este segmento ha adquirido en el uso del financiamiento. Más allá del volumen, destaca el comportamiento: el monto promedio de crédito solicitado por mujeres alcanza los $8,114 pesos, ligeramente por encima del de los hombres ($7,906 pesos).
Pero uno de los hallazgos más relevantes está en la recurrencia. Entre 2019 y 2025, 14% de las clientas ha solicitado un segundo crédito y 13% un tercero, lo que sugiere que el financiamiento comienza a consolidarse como una herramienta recurrente en la gestión económica de los hogares y de los pequeños negocios.
A la par, también se observa un cambio en su destino. Tras la pandemia, la proporción del crédito dirigida a pequeñas empresas aumentó de 13% a 17.26%, una señal de que su uso se orienta cada vez más a actividades productivas.
“Lo que vemos es una evolución en el uso del crédito: deja de ser una herramienta para resolver el corto plazo y empieza a integrarse en la planeación financiera de las personas”, señaló Fernando Chávez, director de Legal y Asuntos Corporativos de Provident México.
Este cambio no es menor. Implica pasar de una lógica de supervivencia a una de planeación; de resolver necesidades inmediatas a construir mayor estabilidad.
En ese sentido, la conversación sobre inclusión financiera también necesita evolucionar. No se trata solo de ampliar el acceso al crédito, sino de fortalecer las condiciones para que ese acceso se traduzca en crecimiento, estabilidad y sostenibilidad económica.
Porque al final, el verdadero reto no es cuántas personas emprenden, sino cuántas logran construir algo que perdure.